Qué Renta Básica: la que se desvincula del puesto de trabajo. Respuesta a Vicenç Navarro.

publicado | argitaratua 30. ago, 2013

Por ARGOS.

La propuesta de Renta Básica Universal (o salario de ciudadanía, para no confundirla con las realidades asistenciales antipobreza que coloquialmente llamamos “renta básica”) tiene dos grandes virtudes: es tan sencilla de poner en práctica para el gobierno que lo decida, como profundo es su calado. Solo tiene un inconveniente: no ha seducido a toda la izquierda.

Muestra de ello fue el reciente artículo de Vicenç Navarro cuestionando la oportunidad -que no los principios- de la Renta Básica Universal. Vicenç Navarro reclama volver al modelo de los 60:

La estrategia antipobreza de la socialdemocracia y de los partidos comunistas gobernantes (después de la 2ª Guerra Mundial en la Europa Occidental), incorporada también más tarde por sectores de izquierda de la democracia cristiana como la alemana, defensora entonces de la economía social, fue desarrollar políticas de pleno empleo, …

… con políticas de formación profesional que aumentaran la productividad y por lo tanto el salario, todos ellos elementos clave de una estrategia a corto y a largo plazo, con la provisión de una renta más que básica para aquellas personas que por causas ajenas a su voluntad no pudieran trabajar

Por el pleno empleoVicenç Navarro no llega nunca a enunciar principios como “el que no trabaja no come”. O a contraargumentar con que una renta básica universal crearía vagos porque desincentivaría la búsqueda del puesto de trabajo. No lo dice. Solo argumenta que las políticas de pleno empleo fueron más eficaces para atajar la pobreza, y que una mayor cualificación tiene su correlato en mayores salarios.

Más adelante, reconoce que esta estrategia se abandonó en los 80 (aunque se siga incluyendo en los carteles electorales como el de la foto que ilustra este artículo).

 Y aunque esta estrategia cambió en los partidos socialdemócratas con la aparición de la Tercera Vía y otras vías afines y con el abandono de la sensibilidad de izquierdas dentro de la democracia cristiana,

Para Vicenç Navarro, al parecer la causa de ese giro fue, simplemente, un acto voluntarista de las élites políticas, que bastaría con revertir según él. Propone entonces un estado del Bienestar bien desarrollado y asentado sobre políticas de pleno empleo, una vez conseguido el cual sí que ve factible el “salario ciudadano”. Lástima que entonces ya no nos haría (tanta) falta.

Añorar el pasado parece realista porque, si algo ocurrió alguna vez, el simple e ingenuo sentido común nos dice que puede volver a suceder. Pero ese pasado hacia el que vuelve su mirada Vicenç Navarro no retornará en ningún caso. Thatcher, Reagan y Blair fueron algo más que nefastas ocurrencias coincidentes, y todo lo que ha venido después es mucho más que la consecuencia del mal ejemplo que ellos dieron a sus sucesores.

detroit_city_limits-553x253No hay espacio aquí para detallar qué, porqué, cómo y en qué fases el capitalismo ha abandonado Detroit y se ha instalado en los circuitos electrónicos que conectan los núcleos financieros. Pero sí que debemos detenernos en un rasgo fundamental para entender por qué hoy el ingreso mínimo debe desconectarse del contrato de trabajo. Hoy la parte del león de las ganancias del capital se las lleva el sistema financiero mediante métodos que no tienen que ver en absoluto con procesos productivos, sino que son pura y simple usura y despojo social. En ese sentido, se ha roto la legitimidad de antaño del capitalismo fordista, cuyas ganancias venían avaladas por una creación de valor, bien que fuera un valor de derroche, inútil socialmente o ecológicamente pernicioso.

informe_03_portadaEn correlato con esto, ha hecho crisis en la sociedad actual la ética individual que vinculaba el ingreso al trabajo, y en la que cada uno recibía lo que merecía según su esfuerzo y capacidad. Es La corrosión del carácter, que hoy podemos ejemplificar hasta el hartazgo en nuestras clases medias. P.e., un matrimonio de profesionales, funcionarios docentes ambos, acomodados, con un par de coches y dos o tres viviendas en propiedad, en cuyo curriculum, además de la oposición inicial, hay una larga carrera formativa y el desempeño de puestos de trabajo muy diversos pero siempre en relación con la docencia y su especialidad. Sus tres hijos, criados en la cultura del esfuerzo y el mérito, han tenido una formación excelente: ingeniería informática, telecomunicaciones, biología, Erasmus, varios idiomas. Y sin embargo, son mileuristas precarios o directamente parados que todavía no han conseguido dar su primer paso “en el mercado laboral”, eufemismo para referirse a la inseguridad laboral para todos y para siempre.

creuroja1-300x224Por debajo de esas clases medias en crisis se encuentra un ejército de pobres, precarios y desposeídos, que hace colas ante los bancos de alimentos y reclama su derecho a la subsistencia. Subsidios, ayudas, “rentas básicas” estrictamente reglamentadas para que los receptores no dejen de ser “ejército de reserva” de una guerra que solo los necesita para disciplinar a los “¡afortunados!” que están en primera línea.

Hay muchas razones para defender la utilidad y la conveniencia de una renta básica universal. Razones de oportunidad (hay mucha pobreza). De simplicidad (muchísimo más fácil de gestionar que el actual laberinto de ayudas para pobres). De justicia distributiva. De eficacia económica keynesiana, ya que le pondríamos un suelo incondicional a la demanda interna. Pero sobre todo, el propio capitalismo, con su transformación, nos ha dado un nuevo concepto del valor económico para justificar la renta básica universal: que no es el individuo, sino la cooperación social,  la sociedad en su conjunto la que crea las utilidades, las aptitudes, las habilidades y el conocimiento. En la relación salarial y en las múltiples modalidades de explotación no salarial, el valor apropiado por el capital no es una mera aportación individual, sino la concreción en ese punto, en ese ser humano, del producto social: educación, salud, cuidados familiares y sociales, redes sociales… Por tanto, ¿por qué no exigir un salario de ciudadanía, una renta básica universal, no condicionada? No se trata de elegir entre cañones y mantequilla, ni de discutir acerca del salario justo y la jornada justa. Hay que elegir entre lo que es productivo -los ciudadanos, la sociedad- y lo que no lo es: paraísos fiscales, rapiña financiera. Y la principal tarea de la sociedad es cuidar de sí misma, de las generaciones actuales y de las que las reemplazarán.

Volviendo a Vicenç Navarro: no es cuestión de si es más oportuno o eficaz el viejo sistema o lo nuevo que se propone. Porque lo viejo es ya imposible y lo nuevo, además de justo, es cuestión de supervivencia.

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