Islandia, de la utopía a realidad (VI): la deuda externa, la economía y las responsabilidades.

publicado | argitaratua 24. dic, 2012

Todo el proceso constituyente anterior arranca en 2008, cuando la quiebra de los tres grandes bancos islandeses desata la indignación popular y obliga a dimitir al Gobierno. Al relatarlo de cierta manera, aislado de su contexto, parece como si el proceso constituyente hubiera arrancado de la nada y girara en el vacío, en lugar de tratar de definir las normas de gobierno de una sociedad en conflicto. Durante estos años Islandia ha tenido que enfrentar un reto: la deuda.

La quiebra de los bancos islandeses dejó colgados a los acreedores internacionales. Recordemos que los bancos islandeses prestaban a largo plazo dentro de Islandia con recursos a corto plazo que obtenían del extranjero. Se ha hablado de 300.000 “ahorradores” británicos y holandeses. Pero no se menciona, por ejemplo, que un solo banco alemán, el BayernLB o Banco del Estado de Baviera, quedó pillado con 1.500 millones de euros que añadir a sus pérdidas en la crisis de las hipotecas subprime.

Inglaterra y Holanda exigieron al Gobierno islandés que asumiera la deuda de sus bancos. La caída del Gobierno en enero de 2009 fue un estímulo poderoso para que en las primeras negociaciones el Gobierno islandés consiguiera una quita del 70% de la deuda. A toro pasado, los voceros del sistema financiero han hecho de la necesidad virtud, argumentando que era impagable. Pero ¿alguien duda que se hubiera intentado cobrar de no ser por las protestas de 2008-2009 que tumbaron el Gobierno?

El primer intento del nuevo Gobierno surgido en abril de 2009 por asumir como deuda pública ese 30% restante -3.800 millones de euros-, se presentó en diciembre de 2009. Es decir, un mes después del primer Forum nacional. Después de una campaña popular de oposición, el Presidente de la República islandesa Olafur Grimsonn vetó el proyecto de ley, forzando un referéndum en el que fue rechazado abrumadoramente.

Tras el resultado del referéndum el Gobierno islandés volvió a negociar con Gran Bretaña y Holanda. El respaldo del referéndum le sirvió para mejorar las condiciones. El tipo de interés pasaba a un fijo del 3,0%, mucho menor que el previamente acordado y rechazado en referéndum del 5,5%. Los pagos comenzarían en julio de 2016 y nunca superarían el 5% de los ingresos totales del gobierno islandés del año anterior, pero no podrían ser inferiores al 1,3% del PIB de Islandia.

La nueva propuesta fue aprobada por el Parlamento por 44 a 16 el 16 de febrero de 2011. Si la contextualizamos en fechas, fue cuatro semanas después de que el Tribunal Supremo revocara la elección de los 25 miembros de la Asamblea Constitucional. Es decir, el contexto de reflujo, de re-constitución del poder constituido y de sus intereses. Nuevamente, el Presidente de la República vetó el proyecto de ley, y en el referéndum que siguió fue rechazado, aunque por un margen menor que el anterior.

Así contado, parece que el héroe de la revolución islandesa fue un Presidente de la República poco convencional, populista. Y es cierto que Olafur Grimsonn lo es. El 2 de junio de 2004 fue el primer presidente en la historia del país en haber utilizado el artículo 26 de la constitución nacional por la que puede negarse a firmar una ley proveniente del Alþingi. Pero antes, detrás y debajo de cada una de estas decisiones del Presidente de la República, hubo una campaña popular de rechazo a las decisiones del Gobierno. También es cierto que si la oposición popular tuvo recorrido y un éxito relativamente fácil, tanto en el caso de los referéndums contra la deuda como en todo el proceso destituyente y constituyente, fue porque no se enfrentó a un sistema institucional excesivamente blindado y alejado del pueblo. Ventajas de ser un país pequeño, de poco más de 300.000 habitantes.

¿Va bien la economía islandesa?

Va mejor que otras. Pero no atan los perros con longanizas.

Islandia no ha dejado de ser una economía capitalista inserta en la economía globalizada. Los islandeses no han cambiado de sistema económico. Simplemente, lo tienen a raya. Tener moneda propia y ejercer la soberanía le han permitido minimizar el impacto de la crisis de 2008: al menos, no han sido saqueados, y han podido devaluar ordenadamente controlando el movimiento de capitales, lo que es una herejía en términos neoliberales. Pero si es cierto que la crisis de 2008 redujo los ingresos públicos. Adicionalmente, el Estado inyectó dinero a la banca quebrada para mantenerla operativa, aunque no asumiera toda su deuda. Se han aplicado recetas neoliberales de austeridad. El Estado islandés tuvo que contraer nuevos compromisos de deuda pública, los 2.100 millones del FMI, pero no tanto como los 5.000 millones previstos inicialmente. Se han restringido prestaciones sociales para reducir el gasto público. La devaluación de la corona se ha traducido en la práctica en una disminución real de todo el poder de compra islandés (es decir, en una disminución de su PIB), aunque eso es algo mejor que reducir sólo los salarios y tratar de conservar los márgenes empresariales a cualquier precio. Se han conservado los recursos pesqueros, que podían fácilmente haber caído ¡por fin! en manos de la UE y a precios de saldo.

En estos momentos, Islandia va bien. Desde mediados de 2011, el PIB no cae, sino que ha entrado en recuperación. Y la “confianza” de los mercados y de los inversores internacionales, eso que tanto aterroriza a la hora de tomar decisiones drásticas, resulta que se ha recuperado mucho antes gracias precisamente a que se han tomado esas decisiones drásticas. Islandia está negociando su integración en la UE. Pero los ciudadanos vigilan de cerca cualquier pérdida de soberanía, y el borrador constitucional contiene algunas cautelas al respecto.

¿Se han depurado responsabilidades?

Simbólicamente, sí. El Primer Ministro islandés durante la crisis, Geir H. Haarde, fue procesado en septiembre de 2010, aunque salió librado de tres de los cuatro cargos contra él.

En cuanto a los responsables de los bancos, ha habido algunas acciones judiciales, de recorrido escaso, o muy largo si se compara con lo que se ha hecho. Islandia no ha roto con el sistema financiero

Balance final.

Islandia no ha hecho una revolución, pero ha conseguido cosas que a los países del Sur de Europa nos parecen utópicas. En el terreno económico, ha eludido las principales consecuencias del estallido de la burbuja financiera: la conversión en deuda pública de la mayor parte de la deuda privada y especulativa. En el terreno político, ha dado ejemplo de cómo el pueblo puede exigir responsabilidades al margen de los cauces formales de la democracia representativa. Ha mostrado también que la democracia, para serlo de verdad, necesita ir más allá del ritual de los ciclos electorales; que son posibles y necesarias formas de participación ciudadana como el referéndum o las iniciativas de crowd-sourcing.

Se ha dicho que todo ello ha sido posible porque es un país pequeño, de poco más de 300.000 habitantes, para deducir de ahí que el impulso democrático debería ser también un impulso de transferencias de soberanía hacia unidades territoriales más pequeñas. En la era de la globalización eso quizás sería tan estéril como la oposición de los indios americanos a la llegada del ferrocarril. El reto está en la articulación de mecanismos de participación eficaces a la escala de distintos ámbitos de decisión, teniendo en cuenta que la cantidad, el tamaño, implican un cambio en los canales de comunicación, la pérdida del contacto presencial. Pero también ahí Islandia nos ofrece una experiencia interesante. Como en todos los países nórdicos, pero en Islandia más acentuado por la latitud, el clima y las horas de luz no favorecen en absoluto la vida urbana. Tampoco se puede decir que haya muchos centros urbanos. Todas las movilizaciones callejeras se han dado en Reikjavik, pero dos tercios de su población vive fuera de la capital. Las distancias interiores son grandes: Islandia equivale a Andalucía en superficie. Islandia carece de ferrocarril, dos tercios de sus carreteras están sin asfaltar, y en cambio hay más de cien aeropuertos y pistas de aterrizaje, imprescindibles, por ejemplo, para trasladar a parte de la población escolar a sus centros de enseñanza, donde tiene que permanecer en régimen de internado durante el invierno. Por ello, en Islandia está generalizado el uso de Internet, hasta el punto de que se ha institucionalizado su uso como una herramienta de participación popular en los trabajos de la Asamblea Constituyente de 25 personas que redactó el borrador de Constitución.

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